La Mina del Rincón Alto 

Con  la llegada de la II República en España, la secularización de la  escuela pública y la prohibición de dar en ella el catecismo se  impone la oportunidad de dar testimonio con el ejemplo. Tras los sucesos del 18 de julio de 1936

 Hornachuelos quedó en una zona en la que sistemáticamente se produjo una persecución contra la Iglesia. Victoria fue muy consciente del dramático hecho de una España dividida por las armas. Era periodo de vacaciones, pero no quiso abandonar el pueblo y supo, como maestra cristiana, aunar  la competencia profesional y el valor de confesar su fe.

En el círculo de los más íntimos., a Victoria, se le ha oído decir: “ Nuestros  pueblos necesitan riegos de sangre. ¿Quién la dará primero?

Y al amanecer del 12 de agosto del 1936, después de caminar toda la noche, es la llegada a "La Mina del Rincón Alto" de Hornachuelos.


En todo momento, mantuvo el ánimo de  sus compañeros y presenció con extraordinaria fortaleza la muerte de todos. Muere ella al final, cuando solo contaba 32 años. Por los comentarios posteriores de los milicianos se conservan algunas de sus palabras: “¡Veo el cielo abierto!...Animo, daos prisa…Nos espera el premio”.

 

    Su última lección, fue aquí , al borde del pozo de la mina, mostrando la fuerza del perdón. Y su voz una vez más  hecha mensaje de paz,  nos enseña la necesidad  apremiante de  asumir el precio de la fe en unas circunstancias que dificultan el compromiso cristiano, en todos los ámbitos, personales y sociales.